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viernes, 8 de julio de 2016

"Mi libro preferido", 6



La vida es un regalo
Autora: Ana Castellón García
Curso: 2º ESO-D
IES Albujaira, Huércal-Overa (Almería)


Os imagináis ser uno de los mejores pilotos de Fórmula 1? Solo decirlo impresiona. ¿Y si fueses piloto y tuvieras un accidente que arruinara tu sueño? ¿Y perder un ojo? Suena aterrador.
María de Villota, tal vez os suene, sufrió un trágico accidente mientras hacía unas pruebas aerodinámicas el 3 de julio de 2012. Pues bien, María de Villota cuenta el accidente que cambió su vida. Yo pienso que muchas personas se hubiesen rendido, hubieran abandonado una lucha, su lucha, la que determina si sigue o se va.
Un día, María estaba haciendo un test y solo había hecho la primera vuelta cuando en el giro frenó y el coche no se detuvo. Intentó frenar una y otra vez de todas las maneras que pudo, pero este seguía avanzando y aunque no iba muy rápido no pudo hacer la U del giro. Si se hubiesen respetado todos los perímetros de seguridad, tal vez María de Villota seguiría hoy entre nosotros. Un camión estaba junto a la zona de giro con la plataforma trasera bajada a la altura de la cabeza de la piloto.
¿Y si me hubiese pasado a mí? ¿Y a ti? ¿Quién nos dice que hoy estaría escribiendo esto? Nadie, nadie puede decirlo. Nadie dice que mañana cuando vayas de camino a tu trabajo no te atropelle un coche o que simplemente cuando tengas que despertar no lo hagas. Y aunque todo el libro me resultó muy atractivo, creo que lo que más me gustó de él han sido los muchos y buenos consejos que nos da. En especial, saber que la vida es una carrera diaria. Que cuando despiertas cada mañana es como si estuvieses en la “pole” para ganar la carrera de tu propia vida.
“Y un día te das cuenta de que vivías dormido, pasabas a ciegas y sentías a medias. Si  un accidente no ha parado en seco tu vida, vive soñando, pasea observando y ama apostando. Si un accidente ha parado por un momento tu vida, sabes de lo que    estamos hablando. Este libro es para vosotros.”
Estas fueron las primeras palabras que escribió María de Villota en su libro La vida es un regalo. Y eso es lo que me impresiona. Ha resumido su vida en cuatro líneas que ocupan nada en un mundo tan grande. Ella volvió a nacer como un bebé que lo hiciera por primera vez, sufriendo entre vida y vida una muerte de por medio.
Es uno de esos libros que vas leyendo y vas sintiendo lo que ella algún día sintió. Y es que sin conocerla, te sientes satisfecho y orgulloso de lo que ha sido capaz de superar. A lo que se ha enfrentado, y que casi se la llevó: la muerte.
Por ello, impresiona aún más saber que un año después del accidente, el día 11 de octubre de 2013, María de Villota murió en un hotel donde se había alojado en Sevilla. Falleció por causas naturales, relacionadas con el accidente.
Recomiendo leer este libro, no solamente por saber todo sobre el accidente que sufrió esta gran deportista española, sino porque mientras lo lees te das cuenta de que en realidad  “LA VIDA ES UN REGALO”.

Las ratas del Titanic

Autor: José Manuel Parra Mena
Curso: 1º ESO-C
IES Albujaira, Huércal-Overa (Almería)


Antes de comenzar a hablar sobre mi libro preferido, me gustaría decir que leer es algo maravilloso, porque a la misma vez que adquieres más vocabulario, te diviertes imaginándote la historia en tu cabeza y que tú eres el protagonista que vive esas aventuras.
A mí, personalmente, me gustan los libros de aventuras y de misterio. Pero en esta ocasión voy a hablar sobre un libro muy triste. Se titula Las ratas del Titanic, de Pedro M. Domene.
Este libro trata, como su nombre indica, de unas ratas que consiguen subir al mayor trasatlántico de la historia, el Titanic. Se desperdigan por todo el barco. Los pasajeros no se dan cuenta de que hay ratas en los camarotes, en la bodega, en las calderas, etc. Estaba trascurriendo el viaje sin complicaciones, hasta que unos hombres que se encargaban de las calderas, las encontraron en el carbón y cogieron a unas cuantas ratas con las palas. Estas fueron echadas al fuego de las calderas. Entonces, las ratas supervivientes, dirigidas por una rata joven, llamada Rata Matt, huyeron hacia otro lugar.
Se pusieron a salvo en la cabina de mando. Allí descansaron y prosiguieron el viaje a salvo. Rata Matt salió a investigar y, debajo de una escalera, estaba una ratita muy linda, llamada Rata Kitty. Ambos se enamoraron a primera vista.
Rata Matt le ofreció ir a dar un paseo y ella accedió encantada. Fueron a proa y se apoyaron en la baranda más baja. Estuvieron un tiempo viendo el atardecer dorado, hasta que, de repente, oyeron voces y se escondieron. Salieron a cubierta un chico joven y apuesto, y una bella joven. La chica se puso contra la baranda y extendió los brazos. El chico la sujetó por las caderas y ella gritó:
—¡Soy libre! ¡Libre!
Rata Matt observó que Rata Kitty los miraba con lágrimas en los ojos. De repente, Rata Kitty se resbaló y casi se cae al agua, pero rápidamente Rata Matt la agarró de la mano, y con un inmenso esfuerzo consiguió subirla de nuevo al barco. Kitty le pidió que se fueran de allí porque hacía frío y porque necesitaba descansar tras aquel susto.
Matt accedió, pero ninguno de los dos consiguió conciliar el sueño. Sobre las 3:30 de la madrugada, el Titanic chocó contra un iceberg y despertó a todos los pasajeros, desde humanos hasta ratas. Muchos salieron a ver qué había pasado. Rata Matt  salió a cubierta, evitando a duras penas que los inmensos zapatos lo pisaran. Al ver lo que había ocurrido volvió con los demás y les contó lo sucedido:
—Amigos y hermanos, debemos salir de aquí. Un inmenso iceberg ha destruido el casco de este barco.
De repente, una sirena sonó fuera de la bodega. En un instante, cundió el pánico y la desesperación, al ver que había agua entrando en la sala de calderas. Solo unos pocos consiguieron salir de allí. Matt vio como muchos de sus amigos quedaban atrapados por culpa de las compuertas, que se estaban cerrando. Kitty salió en busca de Matt y este de ella. Se encontraron en la popa y se abrazaron.
—¡Debes intentar salvarte! —dijo Matt.
—¿Cómo? ¡Los botes están llenos! —le explicó Kitty.
En ese momento, Matt observó que los marineros lanzaban muebles al agua para después agarrarse a ellos y nadar hasta los botes.
—¡Corre, salta a un mueble y huye!
Kitty saltó a una cómoda, en el momento en que esta estaba siendo arrojada al mar. Ya en el agua, observó que otras ratas amigas estaban con ella. Pero, de repente, Kitty vio como Matt se resbalaba y caía al agua.
Ella lo llamó, pero nadie respondió. A las 5:00, el Titanic se hundió completamente y Kitty fue removiendo el agua para encontrar a Matt, pero este no estaba. En un instante, el agua se llenó de cuerpos de humanos y ratas, y entre un cadáver y una maleta, Kitty halló un pañuelo que ella le había dado en su despedida. Aquel pañuelo y el amor que había sentido por Matt fueron los únicos recuerdos que Kitty pudo guardar de aquel viaje que no olvidaría  jamás.

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