Vistas de página en total

viernes, 26 de julio de 2013

Astérix y Obélix (y II)

Y para terminar nuestro recuerdo , algunos de sus personajes:


Astérix

         Sin poseer el impresionante físico de los fuertes héroes con torsos hinchados de helio y que fueron dibujados antes que él por Albert Uderzo, Astérix es el único antihéroe que ha cosechado tantos éxitos y proezas. En sus aventuras, su legendaria astucia y la valiosa poción mágica del druida Panorámix le han permitido huir de las peores dificultades saliendo casi siempre victorioso.



Astérix ha robado la corona de laureles del César, ha conseguido una medalla de oro en los Juegos Olímpicos (y sin poción mágica, por favor), ha acabado raudo las 12 pruebas que propuso un César que se arriesgó a apostar con nuestros irreductibles galos... ¡Gracias a él los bretones han descubierto el té, los belgas han tenido la inspiración divina que les llevó a hacer freír las patatas! En cuanto al cómic que lleva su nombre, desde hace 45 años es un fenómeno editorial, y Astérix se ha convertido en el mito y en el símbolo internacional de todas las resistencias a los imperios que intentan imponer, aquí y allí sus leyes y monopolios. René Goscinny explicaba que el nombre de su héroe, con su inicial «A», «representaba una ventaja indiscutible para las clasificaciones alfabéticas de las futuras enciclopedias del cómic», ¿pero en algún momento imaginó que su «retaco» galo haría tanta historia en el mundo del cómic? ¿Y qué decir de los triunfos de Astérix en el cine? A pesar de todos sus éxitos, Astérix tiene los pies en la tierra, y podéis estar seguros de que ridiculizar a los romanos y degustar un sabroso banquete con todos sus amigos siempre será suficiente para su felicidad y la de sus lectores.



Obelix


Decidido a hacer de Astérix un anti héroe, yendo contra todos los códigos establecidos del mundo del cómic, René Goscinny no quiso proveer a su personaje principal de un acólito que interpretara a su lado el clásico papel de «segundón». Pero Albert Uderzo un tanto frustrado por no haber podido dibujar a Astérix como un galo forzudo, como tanto anhelaba, no pudo evitar dotarle de la compañía de un fuerte y gran guerrero, más parecido a los impresionantes personajes musculosos que ya empezaba a dibujar. Así, Obélix, que apenas aparece en la primera aventura, se ha convertido rápidamente en un personaje esencial que sus autores han ido enriqueciendo poco a poco.


                                                                                 

                                                              
Es el héroe que los lectores prefieren: todos los sondeos le sitúan a la cabeza de los personajes favoritos de la aldea. Incluso una encuesta realizada a colegiales y estudiantes corona a Obélix como ¡el personaje «más sexy» de los galos!... En las aventuras creadas por René Goscinny y Albert Uderzo, le descubrimos unas veces susceptible (¿Quién es gordo?), otras sensible (le hemos podido ver llorando en un «final feliz» amoroso), y por supuesto, glotón. Es como un niño que ha crecido demasiado rápido y que no es consciente de su fuerza (a su favor, cabe decir que ¡no todo el mundo cae en la marmita de la poción mágica cuando es pequeño!). Obélix es una fuente inagotable de gags. Torpe donde los haya, Obélix es irresistible, tanto cuando se pelea como cuando se enamora (¡y esto ocurre a menudo!), ...cuando le cuesta entender las cosas a la primera o cuando abusa de las bebidas alcohólicas («¡Ferpectamente!»)... Con él, siempre es la hora del recreo (bueno... ¡cuando la merienda se ha acabado!) y nada tiene realmente importancia ya que son los otros quienes están locos. ¿Permitirá la poción mágica recuperar la infancia perdida? No creo que los romanos compartan.




Julio César

General temido y respetado por unos, reconocido por todos por el físico de estatua del que le ha dotado Albert Uderzo, Julio César, figura como un personaje aparte en las aventuras de Astérix. Hay que decir que los creadores de Astérix se han esforzado en no tratar de manera caricaturesca esta figura histórica, y para ellos sus «Comentarios sobre la guerra de las Galias» han sido una importante fuente de inspiración. 




En resumidas cuentas, era del todo lógico que un anti-héroe del temple de Astérix fuera enfrentado a un adversario más complejo que los maniqueos y caricaturescos «malvados», tradicionalmente creados por Hollywood. Así, César es una representación amablemente irrespetuosa del imperialismo y, aunque autoritario y colérico, no se le describe como a un dictador impío, y en ocasiones sabe incluso mostrarse agradecido hacia aquellos galos que le han sacado de algún apuro. Asimismo, René Goscinny y Albert Uderzo no pierden ocasión alguna para ridiculizar sus tropas y sus esbirros, y la mayoría de las veces evitan la figura del emperador, contra quien se puede resistir ferozmente. Ya que, aunque malvado a medias, César interpreta plenamente su rol, a saber, el de un adversario incontestable que permite a nuestros héroes que se rebelen. Cuanto más fuerte e inteligente se vuelve el César, más adultos se vuelven nuestros héroes al rebelársele. De hecho, César es el adversario respetado en cuanto a que permite a los irreductibles hacer gala de su nobleza de espíritu desmarcándose de la lucha por su carácter de eternos comilones. Encarnizado en un combate contra la humillante resistencia de nuestros galos, César fomenta los planes más creativos para intentar, al fin, reducir nuestra aldea preferida a la condición de propiedad del Imperio romano. Pero sus planes, aunque ingeniosos, fracasan unos tras otros: las armas económicas utilizadas en Obélix y Compañía», los métodos perniciosos de Détritus en La Cizaña, los «civilizados» alojamientos concebidos por Anguloagudus en La residencia de los dioses... Y lo que es peor, Astérix y Obélix continúan ridiculizándolo apoderándose de su corona de laureles o llevando a cabo sin ninguna dificultad los 12 pruebas que para ellos el César había ingeniado. No es de extrañar que a menudo se ponga nervioso y grite a aquellos que hayan tenido la desgracia de suscitar su cólera, un atronador: «Anda y ve dónde los belgas a ver si estoy».

Panoramix

Druida, inventor de pociones de todo tipo y poseedor, de hecho, de la sabiduría gala!

Dentro de un pueblo como el de Astérix, poblado por niños grandes que no piensan en otra cosa que holgazanear, jalar o pelearse, es necesaria una figura paternal, una sabio reconocido como tal para evitar que la comunidad se hunda en la más absoluta y desmadrada anarquía. 

       
Este papel lo desarrolla totalmente Panorámix, el venerable druida de la aldea, poseedor de la sabiduría, y en especial, del secreto de la poción mágica de la cual él mismo ha creado la receta (hecho que hace de él la estrella de todos los encuentros anuales de los druidas en el bosque de los Carnutes). Oponiéndose a la fuerza bruta desplegada sin medida por un Imperio Romano fuertemente autoritario, Panorámix es el garante de otra idea de orden, basado en unos valores netamente más humanitarios. El se niega a proporcionar la poción mágica cuando tienen lugar disputas internas entre los galos, no vacila en auxiliar a un romano en dificultades, y vela bajo los ojos de un Idéfix sensible a los problemas ecológicos de la preservación del bosque que rodea la aldea (¡Sí, sí, el también ha inventado pociones mágicas para ello! Ver en La residencia de los dioses). Finalmente, a la fuerza se constanta que su método siempre tiene el éxito: es entonces cuando la jerarquía romana se derrumba súbitamente bajo los mamporros de Obélix. Panorámix es el único capaz de inspirar el suficiente respeto para hacer entrar en razón al famoso repartido de menhirs. ¿Acaso vosotros conocéis a alguien que osara a decir con firmenza a Obélix: «¡No, Obélix, no!» cuando a él se le ha metido en la cabeza beber la poción mágica?




                                                Jusqu'à notre prochaine aventure !

 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

hasta próximas aventuras. MARÍA ROMERO

Anónimo dijo...

Divertidos personajes. Buenos recuerdos.
Mª Ángeles.

Cristina Davó Rubí dijo...

Personajes entrañables. Imposible imaginarlos de otra manera.