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sábado, 7 de marzo de 2015

De cómo éramos...



Rafael Castillejo
En el año 1967, Televisión Española emitió la miniserie francesa "Belphegor, el fantasma del Louvre". Fueron cinco capítulos que en España se siguieron con gran interés por dos motivos: Porque era la única cadena de televisión entonces y porque esto del terror, además en blanco y negro, siempre ha tenido gran aceptación por parte del público y, si se emite de noche, mucho más. Pero no voy a hablar de la serie porque lo realmente curioso fue lo que sucedió en mi castizo y zaragozano barrio de Torrero justo el día del último episodio, el del desenlace y aclaración del misterio de aquel fantasma que, en estos tiempos, puede que no diese miedo ni a un niño de cuatro años. Como decía, esa noche precisamente, en el momento del comienzo, todo el barrio se quedó sin suministro eléctrico. Resultó ser debido a una avería que no pudieron solucionar hasta bien entrada la madrugada del día siguiente. Tal desencanto me produjo el incidente que no tuve ganas ni de preguntar después por el final de la serie. Hoy, hasta en Internet puede encontrarse.


Comienza la acción de este telefilme insólito, de más de cuatro horas de duración, en el marco de un París presentado como territorio feérico, donde una visita al Rastro conduce sin que se sepa muy bien cómo hasta el refugio de un anciano que atesora noticias insólitas de hechos inexplicables metiditos los recortes de prensa en latas de conserva precintadas: inmejorable prólogo para introducirnos en un mundo paralelo semejante al cotidiano, trascendido por el  misterio y prodigio.

Desfilan en El Fantasma del Louvre una serie de personajes extraños en torno a un espectro negro, vacío, hierático y sin rostro que aparece por las noches en la sala del museo que alberga la estatua del olvidado dios Belphegor. Como es de rigor, el fantasma surge y se desvanece sin dejar rastro, matando de paso a algún que otro guardia nocturno y recibiendo como si tal cosa impactos de bala que le dejan tan pancho.



Espectro que no es sino marioneta en manos de una secta sin escrúpulos gobernada por Lady Gramófono, vieja solitaria jefa de bandidos y criminales víctima con el tiempo de su propia maldad. Un enamorado que duda entre dos mujeres, una señora de esas que llaman fatal encarnada por la musa existencialista Juliette Greco, un espectro de figura tenebrosa y rostro de cuero que pone los pelos de punta en cada una de sus contadas apariciones, un comisario de policía y un romance imposible jalonan canónicamente la acción.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vaya historia, que pena que tuviera que irse esa noche la luz.

Rubén Ayén Galera 1ºBHCS-B