Fueron un entretenimiento en
aquellos años sesenta en que cualquier novedad que aparecía a nuestros ojos
significaba todo un descubrimiento. Se podían adquirir en quioscos, papelerías
y tiendas de tebeos y revistas, o eran un regalo con la compra de algún producto
infantil, y las hubo con imágenes de todo aquello que podía ser agradable a la
vista de cualquier niño de la época. Había que humedecerlas para poder
adherirlas a la superficie elegida, que podía ir desde el forro de las tapas de
nuestros libros y cuadernos de escuela hasta las manos, aunque cuando pasaban
unos días, desaparecían.
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